Posteado por: Bernardo | diciembre 14, 2011

Aplicaciones móviles para perderse (sin consumir)

*Esta entrada fue publicada primero en el blog Código Abierto de 20 Minutos

Ciudadano: el mercado tiene la aplicación perfecta para tu teléfono móvil. Imaginemos que se llama The Clever Sense. Y que desde que te la descargas sabes siempre, gracias a un gran sistema de geolocalización, dónde comprar un perfume o dónde cenar. Consumes, luego existes para tu App. Amigo, la sociedad-en-red tiene la aplicación perfecta para ti. Imaginemos que se llama Dérive (deriva). Y que cuando te la descargas en el móvil va sugiriéndote rutas imprevisibles, fortuitas. Dérive ayuda a que te pierdas en la ciudad, a que descubras nuevos rincones/vecinos. La app Dérive, construida con código abierto, tiene apenas un punto de partida,”explorar el espacio urbano de otras formas“. Tras sucesivas pérdidas, cada uno encuentra objetivos y/o metas diferentes. Nuevos paisajes de la psicogeografías.

El mercado tiene un chaparrón de Apps para consumir geolocalizadamente. Pero la sociedad-en-red y la tecnología están haciendo posible que el situacionismo, un movimiento intelectual casi olvidado, resurja del letargo con un buen puñado de Apps. Dicho movimiento, liderado por Guy Debord, incentivaba la creación de nuevas situaciones, “el valor del juego, la vida libremente construida”. Su manifiesto era bastante cañero. El principal arma situacionista contra el sistema era el irreverente concepto de deriva. La deriva como mecanismo lúdico-constructivo que despedaza las definiciones clásicas de viaje o paseo. La  deriva como enemigo de la rutina, del orden social.

El norteamericano Mark Shepard, uno de los gurús de la sentient city, es el autor de Serendipitor, otra gran app de deriva que te ayuda a “descubrir algo mientras buscas otra cosa“. Cuando sigues sus instrucciones, te perderás por la ciudad-sorpresa. Harás fotos de un árbol o regalarás una flor a un desconocido. WalkSpace - otra recomendable App- es una opción para los amantes de imprevisibles rutas culturetas. Incentiva, además, que las rutas se compartan on line. Y las relaciones entre personas desconocidas.

El mercado lo tiene claro: la distancia más corta entre dos puntos es una recta (repleta de tiendas y shopping centers). Horacio y La Maga, protagonistas de Rayuela, obra maestra de Julio Cortázar, no se habrían encontrado al azar sobre los puentes del Sena si tuvieran la red social Foursquare (geolocalizada) en sus móviles. Con The Clever Sense sería peor: la Maga compraría compulsivamente en las Galerías Lafayette. Y Rayuela sería un tostón. Con nuestros App para perderse, La Maga derivaría, se liaría con el quiosquero. Horacio descubriría un club de taxidermistas y  se pasaría el resto del libro disecando arañas. Rayuela sería otra cosa. Pero seguiría siendo ese flujo imprevisible,  laberíntico, rabiosamente vivo.

Por eso, la sociedad-en-red huye de rectas predeterminadas : busca la curva, las divagaciones sin consumo, nuevos hilos de relaciones, la urbe instantánea. La ciudad desnuda que Debord regaló a los psicogeógrafos. Y eso no tiene precio.


									        	

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