Imagina que vives en la remota Villa Arriba. Necesitas una pieza de ordenador. Entras en el site de la empresa americana Cablesaurus. Compras sin utilizar euros ni dólares ni ninguna divisa de país. Y en pocos días, llega a tu casa. Además, la transacción se hace sin pagar impuestos ni tasas de bancos. No hace falta que despiertes de ningún sueño. Ni que recuerdes las tentativas fallidas de monedas virtuales – bit gold, RPOW, b-money- del movimiento ciberpunk. Tu compra-venta utópica se puede realizar con Bitcoins (BTCs), una moneda sin patria, de código abierto y descentralizada.
Bitcoin no está respaldada por ningún gobierno. Los bancos centrales la ignoran. La banca la mira con recelo. Pero cada vez son más las personas que la usan como medio de pago. Podríamos definir bitcoin como una ‘moneda’ virtual. O una divisa encriptada peer-to-peer (persona-a-persona) que no necesita de intermediarios para su regulación. Bitcoin también es el nombre software de código abierto que posibilita el uso de la moneda.
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