Posteado por: Bernardo | enero 4, 2010

La película de Lula divide a Brasil

Petróleo, Mundial de Fútbol, Olimpiadas. Y ahora, la mayor producción cinematográfica de la historia del país del carnaval: Lula, o filho de Brasil. Después de que Lula fuese coronado en 2009 como la personalidad del año por el diario Le Monde, como uno de los 100 latinos del año por El País, como uno de los 50 personajes más influyentes de la última época por el Financial Times, al presidente brasileño le llega el globo sonda de una película que ya ha levantado una polvareda de enfrentamientos y críticas. Por un lado, los que defienden el carácter exclusivamente humano de la cinta dirigida por Fábio Barreto. De otro, los fervientes opositores que ven en el estreno electoralismo puro y duro. La heredera de Lula, Dilma Roussef, sargenta de hierro y ex guerrillera, tiene una difícil papeleta en los comicios de octubre, donde la izquierda llega dividida y el partido tucano de José Serra dará mucha guerra al PT de Lula. Por eso, el estreno de la película ha sido recibido con desconfianza por buena parte de la sociedad. Desconfianza. Recelo. Y hasta odio visceral. Fábio Barreto denunció en diciembre ataques y amenazas contra su familia. En una entrevista con el Estado de São Paulo, Fábio denunciaba la contradicción de que Lula sea el “político más popular del mundo” y que muchos, “en vez de orgullo sólo tienen odio irracional”. Hace ocho años, el cineasta João Moreira Salles filmó el excelente documental Entreatos, sobre la la campaña electoral de Lula (la cuarta en su historia) que le llevaría a la presidencia. El Lula político – cercano, simple y bromista – aparecía retratado tal cual en el filme. En aquella época, Entreatos apenas generó polémica. En Lula, o filho de Brasil, aparece el Lula humano, el niño pobre del nordeste, el trabajador metalúrgico que perdió un dedo. Quizá por eso, la élite, los ricos que han visto como la clase baja ha ganado recursos y prestigio, no perdonen el melodrama de la historia del político del año, la odisea de ser pobre en Brasil. Aunque tal vez, lo que más les moleste es que hace ocho años un Brasil neoliberal tenía una elevada deuda con el Fondo Monetario Internacional y que hoy en día no sólo ha comprado 10 mil millones de dólares de bonos del FMI sino que le ha exigido que cambie su línea y que no imponga las privatizaciones y liberalismo radical que llevaron a la ruina a economías emergentes de medio mundo.

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Responses

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