Posteado por: Bernardo | agosto 5, 2010

Made in Yugoslavia

Cuando me di cuenta que la rueda delantera de mi bicicleta estaba hecha en Yugoslavia me quedé impactado. Había rescatado mi bici de adolescencia para moverme por Madrid. La rueda trasera la cambié: explotó cuando la hinchaba. La delantera, la de la foto made in Yugoslavia, construida antes del fatífico del 1995 que despedazó el sueño de la Gran Serbia, aguantaba. No sólo había pasado la revisión, sino que funcionaba con garra inesperada. Escuchando a Milova Zmikic, una septuagenaria croata de la ciudad de Zadar, creo pedalear en mi trasto-bicicleta: “Tito era grande. La vida era buena. Ahora es difícil”. Mileva, que me ha alquilado una habitación por 40 euros, recela de la modernidad. “El capitalismo no es bueno”, me dice. Habla un italiano áspero. Sus horarios miliméticos, sus gestos férreos, me suenan a planes quiquenales soviet style. Igor – el camarero croata de nombe ruso con quien me entiendo en italiano macarroni -me confesó al llevarme a casa de Mileva que ella era dura: “No rebaja un euro, algunos turistas al final no se quedan”. Pero Mileva es pura bondad: “En esta casa nunca ha desaparecido nada”. El verdadero corazón de la casa de Mileva son dos frigoríficos, en el centro de la cocina. Uno es moderno, marca Zanussi, impoluto. Otro, vetusto, de marca croata irrecordable. Cuando le pido guardar un queso, no lo duda: la nevera vieja, que está llena de comida. La nueva -sospecho – está vacía, como la aurícula metálica de un corazón enfermo. Mileva habla de fábricas abandonadas. De hombres sin trabajo (“dos meses, y a la calle”). Tutti privato. Privato no buono. Mileva me invita a un café turco de aroma secular, porque “el Nescafé no es nueno”. Su alma, como el de todos los eslavos del sur, parece dividida: “Es bueno tener una patria, pero tutti privatto, no”.
Mileva, poco a poco, me conquista, como Tito el partisano antifascista la conquistó a ella. Su padre fue miliciano en la Guerra Civil española. Y al volver se paseaba por casa entonando canciones republicanas. Mileva me enseña una cinta con canciones españolas, del frente de Valencia. Zadar allá afuera, lejos: “il barcone” llegado de Ancona lleno de italianos-de-marca, taxistas de mirada avara que siempre me quieren cobrar el doble de la tarifa que me sopla Mileva. Y dentro, acabando el café otomano, siento una casa. Hora de partir: No te olvides del queso, dice. Antes de cogerlo, miro el frigorífico Zanussi, inmenso. Prefiero no abrirlo. Lo imagino vacío. Como el capitalismo despiadado que golpea a Mileva. Despedida. “Hasta la vista”. Podría quedarme tres vidas en su casa, pienso. No sé por qué: con sólo pensar en el rodillo comunista que casi anula la libertad individual me dan escalofríos. Pero confío en Mileva tanto como en la rueda delantera de mi bici, Made in Yugoslavia.

post to facebook Meneame


Responses

  1. Como sabes tanto de yugoslavia, tito etc..
    A mi es una región del mundo que me fascina uno de los viajes que siempre he querido hacer.
    Me das un poco de envidia…
    Disfruta el viaje.
    Me voy a tu sección de Disney.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: