Posteado por: Bernardo | agosto 18, 2010

Cervantes, la ciudad de los piratas y un billete de cien dólares

“Ismet Karamanaga, detective del viejo Ulcinj, explica que la Dulcinea de El Quijote viene de Ulcinj, que en italiano se pronuncia Ulchine. Miguel de Cervantes, asegura Ismet, estuvo preso en Ulcinj entre 1571 y 1574, que aquí se enamoró de una mujer y que por eso escogió el nombre de Dulcinea”. Una excelente crónica de Plàcid García Planas de La Vanguardia, de mayo de 2006, me ha traído a Ulcinj, varada en el Adriático de Montenegro. En Cervantes y la ciudad de los piratas, Plàcid analizaba el resultado del referéndum que selló la independencia de Montenegro de Serbia. Y navegaba en la historia para descifrar el enigma. Las cosas, piedras o pieles son más de lo que parecen. Y Plàcid siempre acierta: “El rey arrojó su anillo al mar. Ocurrió en 1880. Nikola I de Montenegro negocia con la población albanesa y musulmana de la costa meridional su integración al reino. “Ahora ya estamos casados”, dijo tirando el anillo al Adriático. El anillo ha funcionado: 126 años después, los albaneses y eslavos musulmanes de Montenegro han votado lo que habría votado Nikola I: la independencia. Montenegro vuelve a ser Montenegro, ortodoxo, gracias a su población musulmana”. En la estación de autobuses de Ulcinj, un adolescente vivaracho me convence para dormir en su casa-hotel. Tiene unos 16 años. Y conduce con desparpajo/impunidad un Mercedes blanco: “Albania está muy bien. Te va a gustar”. En ninguna parte de los Balcanes – escribía Plàcid- los eslavos viven tan en paz con los albaneses como en Montenegro. Albaneses sin la contundente mafia de los albaneses de Kosovo, sin la incurable anarquía de los albaneses de Albania, sin el peso islamista de los albaneses de Macedonia”. Albanian Boy me deja en mi cutre-cuarto. Un inmenso billete de cien dólares, con un reloj parado dentro, preside la habitación. Albania está aquí, en Montenegro. Y yo dentro.
La crónica de Plàcid me conduce hacia atrás: “en 1571, los otomanos arrebataron Ulcinj a los venecianos, y lo primero que hicieron fue traerse a un puñado de piratas berberiscos para enseñar a la ciudad a piratear. Y los locales se convirtieron en los mejores piratas del Adriático. Aún quedan en la ciudad descendientes de los piratas africanos: quedan unas diez familias con la piel pigmentada de negro”. La cuesta abajo, rumbo a la playa, me lleva a la corteza de la historia: gente sonriente amogollonada, minaretes de mezquitas, metralletas de juguetes en las tiendas, coches con matrícula rusa. Y una feria de pueblo, con sus escopetas de perdigones, sus máquinas para probar a los forzudos y unos coches de choque sin ley bajo un chunda chunda de aroma turco. Wellcome to Albania. El billete de cien dólares de mi cuarto es la calle Bil Clinton de Pristina. El paseo marítimo de Ulcinj es Kosovo, el new estado que agradece con fervor el apoyo americano. El Tío Sam, reconociendo la existencia de Kosovo, apenas sigue una vieja regla: trocear países (Serbia) que-tal-vez-o-quizás puedan ser enemigos. Pero ellos, fustigados, machacados desde siempre, agradecen cualquier cosa. “En Kosovo no tenemos playa, aquí estamos bien”, me dice mi vecino de habitación, sonriendo en el paseo marítimo. Viene de Pristina con su mujer. Diez días. Playa, helados, sol. Y se contenta con ver pasar la vida, el conglomerado de rostros no occidentales de Ulcinj. No le afecta que España no reconozca su país. Me sonríe,

Plàcid, su crónica, me hablan:”En lo alto del castillo, Sazli Nimanbegovic habla de los últimos quince años de terremotos bélicos y embargos internacionales a todo lo que dependiera de Belgrado: “Hemos estado como encerrados, como sin respirar, algo como mareante”. Dzengis, un albanés que vive en Suiza, desde lo alto de la ciudad vieja, despotrica de los eslavos: “Esto es nuestra patria. Los eslavos destruyeron todo. Prohibieron nuestra lengua. No tienen historia”. ¿Qué son 1000 años serbios frente a 2500 albaneses? ¿Qué es el blanco-hielo de la piel eslava frente a la tostada (incluso negra) de los habitantes de la ciudad de los piratas? “Eran navegantes”, dice alguien dentro de la crónica de Plàcid. “Eran piratas por cuestiones geograficas…”, dice Dzengis. La guía del museo de la ciudad nos confirma la historia dentro de la historia, la poco probable, la más interesante de todas: Cervantes estuvo preso en la celda número cinco. Dulcigno (pronunciado “dulciño”), el nombre italiano, inspiró su Dulcinea. No sólo estuvo preso: acabó El Quijote en Ulcinj. Y fue una mujer la que se enamoró de él, no al revés. “Al final, se suicidó la mujer”, matiza la guía. Quién te iba a decir, me susurra Dzengis, que Cervantes acabó gran libro en nuestra patria albanesa. Mi último taxista despedaza la mini crónica con un matiz independentista montenegrino. Los croatas son austriacos. Unos estresados. Montenegro es otra cosa. Para él, first life, after business. Comere, magiare, sole. Mediterráneo. En 2012 espera estar en la Unión Europea. Viva l´amore, me dice, mientras arranca de nuevo hacia la D(ulcinj)ea del Adriático donde los relojes con forma de billete de 100 dólares de agujas paradas esperan algo.

*La editorial Península de Barcelona publicará en breve un recopilatorio de las mejores crónicas de Plàcid García, Jazz en el despacho de Hitler, que os recomiendo ya.

post to facebook Meneame


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: