Posteado por: Bernardo | agosto 19, 2010

En un pueblo italiano vive nuestro amigo Mohammed

Cuando hace doce años Lucano vio una barcaza cargada de 300 refugiados kurdos en la playa, supo que era una bendición del cielo: en 1972, la misma marea trajo dos estatuas de bronce que pusieron la pequeña localidad de Riace en el mapa. Lucano no dudo en darles comida, bebida y refugio. Por entonces, Riace era un pueblecito casi fantasma de Calabria, una de las regiones más pobres de Europa. No había un bar. Ni una carnicería. Ni niños suficientes para llenar las clases del colegio. La población había emigrado hacia las ciudades. Domenico Lucano tuvo una visión: fundar la Città Futura. O sea: repoblar Riace con refugiados de Somalia, Eritrea, Bosnia, Irak, Líbano… Lucano ganó las elecciones. La marea hizo el resto. Riace, hoy en día, es una ciudad modelo. Città Futura es un consorcio municipal que da empleo a cientos de inmigrantes. La población ha vuelto a crecer (220 inmigrantes, 1.600 “riacesi”). Y Lucano espera alcanzar pronto los 3.000 habitantes de antaño. Las calles de Riace vuelven a tener vida. Helene, de Ethipoía, fabrica lana de alta calidad. Mohammed, de Irak, perseguido por las milicias mahdi, vende kebabs y trabaja en la construcción. Shukri, de Somalia, es cristalera. Su común divisor: no ser inmigrantes comunes, sino refugiados. Aunque también hay inmigrantes sin tintes políticos. Recientemente, en la vecina Rosarno, los lugareños se alzaron contra los inmigrantes. Y Domenico Lucano dijo en televisión que en Riace eran bienvenidos. No tardaron en presentarse varios guineanos. Cuando Lucano les explicó que recibirían casa, 2 euros diarios además de 500 euros por mes de trabajo, no acabaron de creérselo. Riace ha dado una lección a la Italia de Berlusconi que criminalizó la inmigración por ley. Y a la Vieja Europa renqueante que aprobó la directiva de la vergüenza. El ejemplo de Retortillo de Soria (España), en el que jóvenes foráneos han resucitado una aldea abandonada, muestra que hay caminos para luchar contra la crisis del planeta, que no es apenas monetaria. ¿Cuántos inmigrantes cabrían en el interior de una España despoblada llena de pueblos fantasmas con una de las menores densidades de Europa?¿Cuánto crecería el PIB si el campo baldío fuese productivo y los dividendos entrasen en el mercado en forma de consumo? De momento, el caso de Riace ha llamado la atención del cineasta Win Wenders, que ha hecho un mini documental de 27 minutos, Il Volo, sobre los nuevos habitantes de la localidad donde los refugiados salvaron a la Europa senil.

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