Posteado por: Bernardo | septiembre 28, 2010

De favelas y elecciones (tres historias sin clichés)

No falla: cuando se acercan las elecciones de Brasil aterrizan en el país cientos de enviados especiales. La mayoría no habla portugués. Utilizan carioca como sinónimo de brasileño (es el gentilicio de Río de Janeiro). Piensan que Lula es el responsable de todos los cambios de Brasil. Otros afirman impunemente que en Brasil no hay carteles de propaganda político, ignorando que São Paulo aprobó un ley de “ciudad limpia” que prohíbe cualquier tipo de publicidad. Y favela, favelas. Los editores exigen a sus enviados (o corresponsales) su cuota folclórica. Favelas, pobres, drogas. Algunos editores europeos todavía se creen que, a efectos prácticos, la capital de Brasil es Buenos Aires. El enviado llega. Y habla de favelas por hablar. ¿Por qué no hablan de elecciones en las favelas? Algunos, reportajes, como el de Eleonora Grosman (corresponsal de Clarín) abordan dignamente el problema de la exclusión y las masacres cometidas en algunas Unidades Policía Pacificadora (UPP), las ocupaciones policiales de 12 de las 1000 favelas de Río. Pero la mayoría se dedica a folclorizar. A quedarse en una superficie rala. Sin ángulo, noticia o enfoque. Hace unos años, recorrí una favela de Río en plena campaña electoral con una pregunta: ¿Por qué Lula ha mandado un astronauta al espacio? Las respuestas generaron, por inercia, una pequeña crónica. Del detalle a la esencia. Las fórmulas son diversas. Personales, incluso. Pero asisto atónito a esta cutre-cobertura de las favelas brasileñas. Ni si quiera ha tenido repercusión un vídeo en el que Sergio Cabral (Gobernador de Río de Janeiro), escoltado por el propio Lula, se ríe de un joven de 17 años y le llama “otário” (pringao, vamos). ¿Queréis favelas? Tres historias potentes que (ójala me equivoque) no aparecerán en prensa española.

1) El candidato golfo. Hace un mes, la policía desmanteló una de las mayores redes de tráfico en la favela Heliópolis, en la Zona Sur de São Paulo. Su estrategia: infiltrar un falso candidato electoral, Cosme da Vila, con un número indentificativo 70.171 (en Brasil hay que introducir un número en las urnas electrónicas). Durante dos meses, el personal de la campaña del tal Cosme se inflitró, empapeló todo, prometió el oro y el moro. Y registró los movimientos de los traficantes, con los que había pactado su entrada. Un día, la policía desmanteló la red del tráfico. Detalle importante: 171, en Brasil, es el código penal de “estelionato”. Y más importante: es una jerga para designar a impresentables, malquedas y otros informales. “Eres un 171” es un insulto. Una crónica en profundidad habría ido a una favela, sí, habría retratado el fenómeno político, sus alianzas, sus sobornos. Política 171.

2) El héroe de la paz. Marcelo Freixo, candidato a diputado por el Partido Socialismo e Liberdade (PSOL), encarna a la perfección la lucha contra la violencia en Río de Janeiro. Dirigió la Comisión Parlamentaria de las Milicias (CPI) que denunció la mafia paramilitar de Río. Las milicias tenían un plan para asesinarle. Es el nº1 en honestidad y tesón en la lucha. Tiene muchísimos apoyos intelectuales y artísticos (su web está espectacular). Sin embargo, los paramilitares (apoyados por el actual alcalde de Río, Eduardo Paes, apodado Dudu Milicia) le han vetado la entrada en muchas favelas. Algunos medio serios, como el Estado de Sao Paulo, ya han hecho perfil del “héroe de las favelas“. Marcelo es tan popular en los suburbios que han compuesto un funk (música bastrada y perseguida por la élite política de Río) en su honor (vídeo que encabeza el post).

3) El teleférico del complexo do Alemão. Obras “pra gringo ver”, como dicen en Brasil. Realmente me resulta surrealista el hecho de que se esté construyendo un costosísimo teleférico en el complejo más abandonado y salvaje de Río de Janeiro. El teleférico, como presunta metáfora de progreso, se ve de lejos, de muy lejos, desde los barrios ricos del sur. El Complexo es el epicentro de operaciones del Comando Vermelho, el mayor comando de traficantes de Río. Y realmente valdría la pena inflitrarse para recabar opiniones políticas. O preguntar simplemente sobre el teleférico y los problemas de la región. Estuve en el complexo en marzo, en una fiesta nocturna, pocos días después de que Adriano fuese pillado in fraganti con sus colegas traficantes. Observé una vez más la fabulosa (y terrorífica) paz con pistolas del Complexo. Salí a las ocho de la mañana, escoltado por traficantes para buscar un taxi. Viendo como adolescentes borrachos se iban con metralletas al aire en motocicletas, con el amanecer bañando un Río ingobernable (el río norte, lejano a las favelas domesticadas de los barrios ricos donde va la mayoría de enviados especiales). Todavía no he contado esa historia de esa “favela”. Porque no venía a cuento. Porque forma parte de un reportaje en profundidad que en unos meses saldrá a la luz. Porque la favela no es sinónimo de noticia. Porque ver a traficantes armados no es novedad. No es noticia. Y porque, básicamente, ahora mismo hay cosas mucho más interesantes que contar en Brasil.

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Responses

  1. Qué gran verdad…..

  2. Gracias por tan excelente análisis.


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