Posteado por: Bernardo | enero 2, 2011

Calle Amazonas, el making of

Cuando recorrí la Amazonia desde Manaos hasta la desembocadura del Amazonas no sabía que un tiempo después iba a escribir un libro. Llegué con un acometido periodístico. Había calculado unas dos semanas y media para descender dos mil quilómetros y publicar una serie de crónicas-reportajes en Público, para quien trabajaba entonces. La Amazonia, desde el primer día, me desbordó. Casi nada salió como lo planeé. Manaos era una ciudad indómita, dura. El clima, opresor, desbarataba todos los detalles prácticos. Las distancias, en tiempo, eran mayores de las previstas. Todo se confabulaba para que el viaje fuese mucho más lento. Al final, fueron casi cinco semanas. Cuando regresé a Río de Janeiro, mi base, me di cuenta que lo que había vivido no cabía en las 4 o 5 crónicas publicadas. Muchas cosas se quedaron fuera: el contexto, la historia, anécdotas… Y las crónicas no tenían una mirada que las conectase. Me quedé con un sabor agridulce. Había arriesgado mi vida por un puñado de historias inconexas. Originales, bien trabajadas y poderosas, eso sí. Muchos meses después Altaïr me propuso escribir un libro. Les presenté el proyecto que acabaría titulándose Calle Amazonas. Era la oportunidad de darle un sentido al viaje. De narrarlo de una manera coherente. Además, había estado recorriendo la Amazonia durante cuatro años. Había publicado bastantes reportajes en medios como GEO o La Vanguardia. Tenía, incluso, episodios intensos, jamás narrados. Contaba con todas las piezas de un puzzle incomprensible a primera vista. Apenas faltaba contarlo.

Cuando empecé a escribir Calle Amazonas en mi estudio de Lavapiés, en Madrid, no tenía ni título ni guión. Apenas quería contar la Amazonia contemporánea tal como la había vivido. Arrancar fue una odisea. Intentar escribir un libro en el mismo lugar donde escribía mis reportajes no fue una buena idea. El día a día de entregas, llamadas, no me dejaba concentrarme. Intenté dividir el día en dos: mañanas para el periodismo, tardes para el libro. Nada. Apenas conseguí escribir un primer capítulo caótico, excesivamente literario, desordenado. El editor, Raimon Portell, me recomendó seguir hacia adelante. Y que una vez hubiese acabado, rehiciese el primer capítulo. Decidí poner distancia: me fui a Santa Cruz de Tenerife, a casa de mi primo Diego, a quien le tendré que agradecer el detalle de por vida . Sólo así, lejos de mi rutina, con un horario germánico, conseguí ir avanzando. Me despertaba pronto, escribía intensamente. Nada de periodismo. A partir del segundo capítulo la prosa fluyó. Decidí incorporar otras vivencias del pasado, publicadas y no, reescritas para la ocasión. No podía limitarme a aquel viaje atropellado y difícil del año 2008 .Tenía muchas cosas que compartir, visiones de una Amazonia sorprendente. Poco a poco, el contexto, las anécdotas del viaje, fueron cuajando en una prosa personal. Aposté por el estilo que ya uso en las crónicas: frases cortas, descriptivas, imágenes metafóricas. Pero por primera vez tenía espacio: pude explayarme en detalles, en historia, en lo que se queda siempre fuera de los reportajes. El ritmo, además, es otro. De vez en cuando hay que subir la intensidad, llegar a pequeñas cimas. Fui incorporando matices literarios, un lenguaje nnuevo, divagaciones. Incluso pequeños relatos cortitos de ficción para completar la realidad. Los Cinco inicios para una novela, incluidos entre los capítulos, son una forma de rendir homenaje a ese mundo, América Latina, la Amazonia, donde a realidad supera a la ficción con frecuencia. La mentira de los mini cuentos puede que explique la realidad con la misma profundidad que una foto. Cortar la metaliteratura e incorporar el pasado de manera sutil creo que fue un acierto. Cuando llegué al punto final, un mes después del encierro, rehice el primer capítulo fácilmente. Releyendo el libro ahora reparo en que es un reportaje largo, no seis crónicas aisladas. Un reportaje largo, poliédrico, descentralizado, con préstamos de la literatura. Y con un hilo conductor, el viaje, claro.Toda mi memoria amazónica, después de la escritura, ha adoptado un nuevo sentido. Todo se me antoja ordenado, lógico, claro. Como si este libro fuese lo que estuve intentando escribir en reportajes sueltos durante muchos años.Conclusión personal: hay historias que no caben en un reportaje, en una crónica. Hay historias que necesitan un libro, doscientas páginas, para ser contadas. Por cierto, el título Calle Amazonas, con la calle como emblema de la urbanidad del periplo, de esa nueva cara de la Amazonia, apenas surgió cuando el libro casi estaba siendo enviado a imprenta.


Responses

  1. Gran libro Bernardo, pero es “making of”, con una sola efe.

    • Hola, Arturus! Qué bien que te guste.
      En cuanto al making: es con off, de fuera, lo que quedó fuera. Compruébalo
      Un abrazo!

  2. Me temo que no:

    http://en.wikipedia.org/wiki/Making-of

    http://en.wiktionary.org/wiki/make_off

    Un saludo.

  3. Querido Bernardo, tengo en mi poder tu libro (que ha realizado proezas para llegar a mis manos, mejor dicho, a Buenos Aires).
    Tu sensibilidad, digna de nuestra generación, posee ese carácter incisivo y cuestionante, has logrado imprimir tu huella ofreciéndome una visión de esa tierra tan lejana, y prohíbida para algunos. Logras contener la indignación (que por momentos se asoma), que te produce conocer en primera persona la realidad de esa región, llena de contrastes, de una lucha constante entre polos duales. Posees la integridad que te permite no romperte en mil pedazos, para luego reformarte como un activista desmedido, y descontrolado, desesperado por una solución ecuánime. Observas, desde lejos, desde cerca, encerrando la realidad en un todo, desbordando paciencia entre suspiros, o así lo pareciera.
    No pude evitar relacionar, la existencia de esa Zona Franca de Manaos, con la Zona Franca de Tierra del Fuego, ese território inhóspito, legado de los aborígenes onas (ya desaparecidos, cazados como conejos) en Argentina. Donde han creado un conglomerado industrial a la fuerza de bajos impuestos e incentivos fiscales, para generar trabajo, y fomentar la ocupación de esa localidad austral, donde, el viento y el clima, no permiten que los niños jueguen al fútbol, pues el frío, quema.
    No dejes de descubrir esa Provincia, rica en paisajes, dueña de Ushuaia, la ciudad más austral del Mundo, que también lucha entre dualidades.

    Saludos, y felicitaciones!

    • Muchas gracias por tus palabras. Me llena de orgullo que haya llegado tan lejos mi obra
      Un abrazo
      Bernado


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