Posteado por: Bernardo | enero 16, 2011

Túnez, revolución y laicismo

“No se puede pedir lo que se ignora. La democracia exige un conocimiento previo de los valores laicos que la alimentan. Y dicho conocimiento no existe en ningún país árabe con la profundidad y arraigo que tienen en Túnez. El Gobierno de Burguiba desde la independencia hasta los años ochenta sentó las bases de un Estado laico y democrático. Un sistema educativo abierto a los principios y valores del mundo moderno, el estatus de la mujer incomparablemente superior al de los países vecinos y un nivel de vida aceptable en comparación con estos, pese a la carencia del maná del petróleo, formaron una ciudadanía consciente de sus derechos. En ello estriba la diferencia existente entre Túnez y los demás Estados árabes de la orilla sur del Mediterráneo.
El declive del poder de Burguiba y el golpe de palacio de Ben Ali, llevado supuestamente a cabo para preservar la democracia se tradujeron al punto en una pesadilla orwelliana. Con el pretexto de cohabitar a la amenaza islamista y ganarse así el sostén incondicional de los países europeos, Ben Ali creó poco a poco un Estado policiaco cuyas redes se extendieron como una telaraña (…) Toda oposición política fue barrida sin piedad con métodos que recuerdan el peor despotismo (…) La acción conjugada de las filtraciones de Wikileaks, del gran número de tunecinos con acceso a Internet y a sus foros de discusión, de los ciberataques de los hackers de Anonymous que colapsaron las webs del régimen y de la inmolación por el fuego el 17 de diciembre en Sidi Bouzid de Mohamed Buazizi, un informático de 26 años en paro y cuyo puesto de verduras y frutas fue tumbado brutalmente por la policía por carecer de autorización para su venta, fueron el detonante de la explosión que ha derribado al dictador”.

Bastante recomendable el artículo de Juan Goytisolo en El País, al que pertenece este extracto, sobre la revolución tunecina. Pero más todavía el post de Iñigo Sáenz de Ugarte en su blog Guerra Eterna. En Una revolución en la calle, no en las pantallas Íñigo desmitifica un poco el poder de Twitter e Internet y otorga un papel clave la cadena de televisión Al Jazeera (interesante artículo de análisis). Acabo de recorrer el norte de Marruecos y corroboro que el poder de este medio, verdadero termómetro del mundo árabe, es brutal. Coincido con Íñigo en que la revolución tiene su raíz en la realidad, el paro, la humillación. Las nuevas tecnologías, eso sí, son los rifles del siglo XXI. La foto que encabeza este post pertenece a una fantástica infografía de Le Monde.


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