Posteado por: Bernardo | abril 16, 2011

Nostalgias de papel

Los apocalípticos que preconizan la desaparición del papel – de los periódicos, de los libros – deberían seguir leyendo esta entrada. Doy por hecho que los nostálgicos de la celulosa están ya enganchados. Primero la buena noticia – para los segundos – o la excepción que confirma la regla – para los primeros. Egobook, según nos cuenta José Antonio Millán, ha lanzado un servicio para transformar nuestro perfil de Facebook en un libro de papel. Lo efímero del flujo de nuestro muro, nuestras fotos etiquetadas, nuestros gustos, impresos a partir de 29.95 dólares. Por otro lado, BookTool ofrece imprimir libros de la Wikipedia. Simple: escoge una temática, un asunto, un país. E imprímelo gracias a los amigos de Pediapress. El flujo ciberespacio-asfalto no es una novedad. Los que pensaban que Internet es apenas un reflejo de lo que pasa en el territorio estaban muy equivocados. El mundo imita a internet, como os contaba en este blog, al igual que la Red se nutre del mundo. El espacio público y la vida y las relaciones humanas son ya un híbrido de territorio y espejo virtual. Y es lógico que los nostálgicos del papel, los que añoran cómo consumían información hace años, sigan buscando su formato favorito. Cuentis ofrece libros ilustrados infantiles personalizados. Vendredi imprime lo mejor de la blogosfera francesa. El blog londinense Magculture decidió lanzar una revista con los mejores contenidos. Acabo la entrada nostálgica con un recuerdo personal. El pasado agosto, en el World Trade Center de Sarajevo – dos tímidas y precarias torres entre casas bombardeadas – leí una versión impresa de The Guardian que llamó mi atención. Era papel de impresora. Tenía unas precarias grapas. Y una madera en el costado. Guardé la idea y anoté la empresa impresora. Y sólo ahora afloró el recuerdo y hablo de Newspaperdirect , una empresa que facilita que 600 diarios del mundo lleguen a rincones insospechados del mundo en formato papel. La idea del Print on demand de estos rusos visionarios no es una tontería. Ellos ofrecen formatos digitales, móviles o tablets. Pero el formato papel, la nostalgia de celulosa, sigue siendo su gran estrella. ¿Y si cada lector decidiese imprimirse, tuviese la oportunidad sencilla de hacerlo, su publicación favorita, sin la necesidad de contar con el intermediario-kioskero? Aunque yo soy más pro-nuevas tecnología que nostálgico (no imprimiría un libro de mi Facebook pero sí tengo paper.li, una revista digital de mis contactos de Twitter- creo que leer en papel a The Guardian en medio de la Amazonia es una buena idea.


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