Posteado por: Bernardo | agosto 2, 2011

La maleta de los mapas imposibles

A mí salón le ha crecido una maleta. Está vacía. En la etiqueta donde debería haber una dirección apenas hay una frase de Fernando Pessoa: “Viajar perder países, ser constantemente otro”. Los costados de la maleta – sucia, desgastada, verdiazul- están forrados de mapas sujetos con pegamento. Mapas inexactos, oblicuos, exagerados. El verdadero tamaño de África, el mapa tipográfico de las calles de Valencia, el mapa de (metro) de la música indie española.Confieso que no tenía donde meterla: no cabía debajo de la cama ni en los armarios. Tirarla, tras las trece mudanzas de los últimos diez años, era claudicar de algo (aunque todavía no sé de qué). Por eso decidí llenarla de mis fantasmas. Mirando la maleta, la exactitud de mis mapas imposibles, saboreo un pequeño triunfo. El mapa mundial de Facebook – meras líneas, flujos, contorneando una forma – despedaza el mapamundi de Mercator que sobredimensionó el primer mundo durante siglos. La proyección de Peters me venga íntimamente del geógrafo alemán Karl Ritter (1779-1859) que concebía la tierra como un organismo vivo, los ríos como una voluntad divina y las fronteras como una inevitabilidad predefinida. Y es que durante demasiado tiempo, los datos falsos y los verdaderos, mezclados en el cubata explosivo de la historia, formaron un laberinto insalvable. Pero fue todavía peor cuando el hombre alcanzó la plenitud de su razón y ya no quedaron rincones por cartografiar. Los “Colegios de Cartógrafos”, como escribió Jorge Luis Borges, “levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él”. Por eso, contemplar mi maleta me devuelve una paz incomprensible. El mapa topológico del Metro de Caracas – que desatiende la escala y la deforma para ser legible – despedaza la cartografía del Imperio. Y de alguna manera, regresa a aquella línea ténue y alegre de mapa mundi mental de los navegantes portugueses. A aquellas subjetivas cartas cartográficas que los aztecas construían con pieles, tejidos de algodón y palma. Parece inevitable: la tecnología, las nuevas cartografías y mi maleta vacía me teletransportan al pasado idílico de los mapas inexactos. El mapa de los reinos virtuales de los vídeo juegos realizado por Information is Beatiful tiene la inocencia perfecta del disco flotante (aquel mundo incompleto) de Tales de Mileto que flotaba sobre las aguas. La representación-verdad naufraga, desaparece despedazada por el mapa pintado de las redes y señales wi fi de Oslo o por el mapa lingüístico del quechua. La infalibilidad del GPS hace aguas, desdibujada por los globos que Shai Efrati y Hagi Keysear lanzaron al aire con cámaras de fotos para retratar los secretos que la petrolera BP escondió tras la tragedia del golfo de México.
El mapa exacto ha muerto. Agoniza. El territorio respira colectivamente, libre de la dictadura de las latitudes. Aunque tal vez, nómadas de nuestro subjetivismo, lo único que sea cierto es que ya no diferenciemos el territorio de su representación, el asfalto de su ciberreflejo. Puede que el mapa – millones de mapas subjetivos – haya invadido el mundo. Tal vez sólo exista una pastosa y todopoderosa hiperrealidad que nos desgobierna. Jean Baudrillard – que murió hace no demasiado – pensaba que la realidad virtual no es ya más copia de la realidad, si no que la antecede y define: “La abstracción hoy no es ya la del mapa, el doble, el espejo o el concepto. El territorio ya no precede al mapa, ni lo sobrevive. De aquí en adelante, es el mapa el que engendra el territorio; hoy, serían las tiras de territorio las que lentamente se pudren a lo largo del mapa. Es lo real y no el mapa, cuyos escasos vestigios subsisten aquí y allí: en los desiertos que no son ya más del Imperio, sino nuestros. El desierto de lo real en sí mismo”. Siento deseos de abrir la maleta. Pero confieso que tengo miedo. No miedo de hallar arena o conchas. Miedo, simplemente, de encontrar otra maleta (vacía) del tamaño del mundo.

Esta entrada es un pedacito del libro que estoy escribiendo. Los comentarios que más me gusten los incluiré de alguna manera

Nos vemos en Twitter: @bernardosampa


Responses

  1. La maleta es del tamaño del mundo y el mundo del tamaño del deseo.
    ?Hay algo más relativo que eso? Es que aveces pensamos en el espacio desde una perspectiva limitada, falsamente cientificista… Solo la poesia (el hacer poético, la poiesis) considera ese espacio limitado por los (antiguos) cartógrafos como una representación que ya no es “real”, sino, como espacio subjetivo …
    ?Y el deseo? como dice Suely Rolnik en su nueva cartógrafa del sujeto,
    ?como se desarrola y define una cartografia sentimental?. Cuando pensamos en los discretos rumores de la subjetividad, en las grietas que se abren, en los deseos que se escabullen como arena entre las manos, ganando y perdiendo, como siempre, como escrituras condenadas a ser inacabadas y el espejo que se quiebre entre el sueño y lo real…Condenados a sucumbir a la neblina, porque los intentos de proyectarnos en un espacio “real” es ya un fracaso. La maleta es del tamano del mundo, si, pero, ?de que mundo?
    Del tamaño que el que escribió deseo, y recortó en el limite de sus gafas azules.

  2. Vaya que bien pinta. Lo ideal creo que es viajar sin nada para traerlo todo. Y que lo único a facturar sea la sonrisa de oreja a oreja (Ojo en paises católicos se considera muy sospechoso viajar sin nada peor que morise riendo) y puesto a opinar el mejor mapa en mi opinión es el que dibuja la imaginación de regreso. En fin ya espero el libro, mientras sigo en el andén-cuneta-inem, esperando oir, entre los palos del ciego el pitido, esta vez de salida.

  3. Los mapas responden a un gansterismo territorial aboluto que liquidó la última tierra incógnita del mundo en 1899, el último pedazo de tierra libre de impuestos, banderas y naciones. Y así nos va…

  4. Pues yo he abierto tu maleta y he encontrado doce botellas de whysky. Después de endosarme 38 copazos empiezo a confundir tu blog con mi site porno favorito. Por eso, qué sé yo, digo cualquier cosa, ¿por qué no follamos como animales hasta que salga el sol?


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