Posteado por: Bernardo | septiembre 13, 2011

Yo también soy TwiTerrorrista

El caso de los dos tuiteros mexicanos detenidos el pasado 31 de agosto en Veracruz bajo la acusación de terrorismo, lejos de solucionarse, continúa por un sendero tortuoso. Para quien no conozca los antecedentes: Gilberto Martínez Vera y a María de Jesús Bravo Pagola fueron detenidos por difundir un rumor en Twitter: una supuesta amenaza de bomba en una escuela primaria cercana a la Tercera Zona Naval. Los hashtags #verfolow y #Veracruz expandieron los tuits. Y sembraron el pánico en Veracruz: padres intentando recoger a sus hijos en la escuela atropelladamente, autoridades nerviosas. Lo inaudito del asunto es que una jueza detuvo a los tuiteros bajo la durísima acusación de terrorismo, ante el espanto de organizaciones que luchan por la libertad de expresión, ONGS humanitarias o simples internautas. Amnistía Internacional acusó incluso a las autoridades mexicanas de torturas contra los detenidos. Ante el escándalo internacional, las autoridades de Veracruz trabajan contra reloj para cambiar la acusación de terrorismo por la de perturbación del orden, lo que permitiría ponerles en libertad bajo fianza. Acabe como acabe el culebrón tuitero, muchas habrán sido las preguntas suscitadas. ¿Es Twitter un espacio público? ¿O es un espacio privado donde la gente se reúne? ¿Dónde está el límite entre libertad de expresión y orden público? ¿Qué habría pasado si dos personas se ponen a gritar en la calle que hay una amenaza de bomba en un colegio? ¿Alguien les habría creído? ¿Y si lo hicieran en un recinto privado, digamos, en un McDonalds con wi fi? En mi modesta opinión, las autoridades cometieron un error muy básico: no verificar la información. Además, la detención de dos personas por una broma, performance u obra de arte en un momento en el que México vive atemorizado por una guerra poliédrica entre carteles de droga y las fuerzas del Estado, es a todas luces exagerada. ¿No será que la narcoguerra sin sentido, desigual e imprevisible está empezando a hacer mella en la psicología colectiva de un país? Si el acto se hubiera hecho en las calles podría interpretarse, sí, como un obra de arte protesta. ¿O tendrían que haber encerrado a Orson Welles tras su ya célebre programa radiofónico La guerra de los mundos? ¿Deberían detener a cada político que provocase desórdenes sociales (manifestaciones) cada vez que pronunciase una mentira? Un poco de twitterraciocinio, señorías. Yo también soy TwiTerrorista.

Os espero en Twitter: @bernardosampa<a


Responses

  1. Los falsos avisos de bomba siempre han sido tratados como actos de terrorismo. El efecto de una persona gritandolo en la calle no es el mismo que publicarlo en un medio que tiene una difusion mucho mayor. Si tu hijo hubiera estado en ese colegio ahora mismo no compararias a estas dos personas con Orson Welles, sino mas bien con aquellos que a base de falsas amenazas lograron que el aviso de bomba de Hipercor no fuera suficientemente tomado en serio.


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