Posteado por: Bernardo | febrero 24, 2011

Cuando el mundo real imita a Internet

Vale, estamos de acuerdo: Facebook y Twitter no han provocado la revolución en los países árabes. El mundo real, sus injusticias, eran la pólvora. Pero la revuelta no habría prendido fuego sin la chispa de las redes sociales. Basta cotillear en cualquier grupo de Facebook de Egipto, como en el Not.Sorry.Mubarak (gentilmente traducido del árabe por Google) para entender que muchos de sus 9.195 miembros estuvieron tirando piedras en las calles. Primero, se vincularon en Internet. Luego, se manifestaron en el territorio. Por si todavía no te has dado cuenta, mi objetivo está bastante claro: convencerte de que el mundo real está copiando, imitando, al mundo virtual. En la infancia de Internet, todo parecía simple: se intentaba buscar el doble virtual de cualquier comportamiento humano. Quién enviaba una carta, podía enviar un mail. Quien echaba un polvo, ¿por qué no iba a caer rendido al cibersexo? La infancia de Internet diseminó aquel tópico del internauta, ese ser asocial aislado del resto de humanoides. Ahora, en plena adolescencia de Internet, estamos llegando a otro punto: cualquier movimiento, inercia o tejido que funcione en Internet se reproduce en el mundo real. Algunos ejemplos para intentar convencerte. Wall People es un proyecto que fomenta la construcción de muros de fotografías en el mundo real, a imagen y semejante a los de Flickr en Internet. Plaza de Letras, “una plaza sin estatua ecuestre donde se puede pasear o navegar”, es un experimento que pretende incentivar las relaciones de los vecinos del barrio de las Letras de Madrid gracias al tejido digital de los mismos. En la web, el vecino encuentra su barrio en Youtube, Twitter, mapas georreferenciados o blogs. Y dentro de cada ciberesquina, a sus propios vecinos. Más: la plaza de Santa Ana, en el barrio de las Letras, se convirtió el año pasado en un escaparate de plug in desarrollados durante un taller.
No hay marcha atrás: el mundo será híbrido. Real, palpable. Virtual, descentralizado. Todo al mismo tiempo. Internet y el mundo no son, como algunos piensan, planetas excluyentes. No hay vuelta atrás, no. Y es inevitable la pujanza del concepto de innovación social de Juan Freire, como algo “que sucede en un espacio publico híbrido que combina los procesos que suceden en Internet con aquellos que ocurren en los espacios públicos de las ciudades”. Por si todavía no te he convencido, saco ahora mismo los ases debajo de la manga. In the flesh, el cara a cara, es una de las tendencias más fuertes del mundo virtual. Ver, tocar, a tus amigos virtuales. Relacionarte con los miembros de tus redes digitales. Meetup Everywhere es un sitio que facilita que los usuarios de determinados medios digitales se encuentren en el mundo real. Mashable, un importante portal de noticias tecnológicas, es el sitio más social: 1.154 grupos de lectores de Mashable se reúnen periódicamente en el mundo real gracias a Meetup. The Huffinton Post o Tech Crunch también entraron en Meetup: sus lectores discuten, como si estuviesen escribiendo comentarios en una noticia, mientras se beben un café/cerveza, en el mundo no virtual. ¿Necesitas más pruebas? Perfecto, sigamos. Breakout es un proyecto catalán que incentiva la ocupación de espacios públicos con Internet wi fi para cristalizar redes de trabajo. ¿Para qué debatir en una conferencia múltiple en Skype si tenemos la cafetería de un museo para trabajar juntos? El mundo virtual se hace carne.

Incomprensiblemente los diarios, que todavía no entendieron que la horizontalidad de la nueva comunicación, no acaban de darse cuenta. Eskup, la red social de lectores El País, extremadamente vertical y poco participativa, será barrida del mapa en cuanto otro diario posibilite e incluso incentive encuentros de lectores en el territorio. ¿Twitter revolución en Irán, Moldavia o Egipto? ¿Que la revolución no será twitteada , como recientemente preconizó Malcolm Gladwell? Volviendo atrás, releyendo, fisgoneando el grupo de Facebook, Not.sorry.Mubarak, no puedo dejar de pensar que Howard Rheingold tenía razón en su ya mítico Smart Mobs: La próxima revolución social. La tecnología como catalizador, pólvora y fuego de la siguiente revolución. Smartmobs, multitudes inteligentes comportándose en el territorio como lo planearon antes en Internet, reaccionando a una causa real del mundo físico. También pienso – estoy seguro que ya tú también, que ya te has subido a mi barco – que el trillado Manifiesto Cluetrain acertó en 1999 la mayoría de las claves de esta tontorrona adolescencia de Internet. Te dejo con el punto, 9 del manifiesto, por si todavía no te he convencido de que el mundo, cada día más, imitará a Internet. El mundo, en su era adulta, emulará los latidos de la red hasta el punto de confundirse con ella. Punto 9, decía: “Las conversaciones en red hacen posible el surgimiento de nuevas y poderosas formas de organización social y de intercambio de conocimientos”. ¿Cuándo tomamos una cerveza en El Planeta Sin Blog, lejos de Alfa Centauro?

Os espero en Twitter: @bernardosampa


Responses

  1. […] pensaban que Internet es apenas un reflejo de lo que pasa en el territorio estaban muy equivocados. El mundo imita a internet, como os contaba en este blog, al igual que la Red se nutre del mundo. El espacio público y la […]


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