Posteado por: Bernardo | noviembre 23, 2010

El piccolo Papa de los condones

“En uno u otro caso pueden ser (los preservativos) , en la intención de reducir el peligro de contagio, un primer paso en el camino hacia una sexualidad vivida de forma diferente, hacia una sexualidad más humana”.

Con qué placer incluyo estas palabras sobre del papa Benedicto XVI, el que puede llegar a dimitir, el que ya se ha autodefinido en el reciente libro-entrevista La Luz del mundo de Peter Seewald como “Un Piccolo Papa” (un mini papa). Qué placer incluir un link de Catholic.net, más papistas que el papa, hablando de condones. Realmente son palabras imperfectas, arcaicas, anticuadas: pero es un primer paso. Cuando Joseph Alois Ratzinger fue elegido como sucesor a Juan Pablo II yo estaba en Brasil. Un mes después del cónclave viajé hacia São Félix do Araguaia, para vivir la última semana del entonces obispo Pere Casaldáliga. En esos días, conocí al sector más progresista del la Iglesia Católica de Brasil. Pere Casaldáliga me mostró su terror ante la llegada de un papa tan retrógrado. Ya había sido amonestado por el mismísimo Ratzinger antes de ser papa por estar al lado de los más pobres. El castigo fue sonado: Casaldáliga fue obligado a jubilarse como obispo. Sus palabras habían hecho mucho daño en el Vaticano: “Ese ilustre purpurado habrá de aceptar, supongo, que después de Aparecida continuará vivo y activo el Dios de los pobres, seguirá subversivo el evangelio de la liberación y que, desgraciadamente, el hambre, la guerra, la injusticia, la marginación, la corrupción y la codicia, continuarán exigiendo de nuestra Iglesia el compromiso real al servicio de los pobres de Dios”. El equipo de Casaldáliga estaba formado por católicos, progresistas, marxistas, ateos, divorciados, arrejuntados. Todos juntos luchando por una idea: erradicar la pobreza. Recuerdo perfectamente las palabras de Félix Valenzuela, un cura madrileño que trabajaba junto a Pere: “El Vaticano es un geriátrico”. Aquella semana de convivencia cristalizó en un reportaje especial para La Vanguardia. Y me enseñó que existe una parte de la iglesia católica que realiza un trabajo formidable, sin ele beneplácito del Vaticano. ¿Quién es el papa, una persona casta y soltera, para hablar de placer y familia? ¿Quién es el papa, representante de una iglesia que apenas conoce el placer sexual realizando sexo con niños, para hablar de sexo? ¿Pero no se han dado cuenta que luchar contra la sobre población aceptando el uso del condón es la mejor estrategia para acabar contra la pobreza (el informe de Action AIDS lo prueba)? Mientras la Iglesia Católica siga siendo un intelecto carcamal, seguirán existiendo juegos lúdicos como The Jesus Test (donde el usuario se carga a Jesucristo de diversas formas). Mientras la Iglesia siga adoptando una postura anacrónica que pretenda regular la vida pública y privada y no una simple creencia, seguirán siendo necesarios los preservativos de la cruzada laica de Leo Bassi . Condones Leo Bassi, señor Ratzinger, para las putas del mundo (luego para todos).


Responses

  1. Yo he tenido una educación excenta de espiritualidad transmitida (condicionada por los rigores de alguna inclinación religiosa-política) por lo cual habiendo crecido con libertad de elección (libertad de creencia, que también es una especie de condicionamiento), veo el comportamiento de determinadas instituciones (y de aquellos hombres y mujeres que las respresentan) y me resulta payasesco su modo de actuar (en consecuencia de sus intereses).
    Atacar y contradecir es un pasatiempo, exagerarlo es caricaturesco; mientras el ritual de conscientizar es complejo (lo que a su lado las banalidades parecen sencillas) aquellos que representan a las ‘mayorías’ no cooperan (o son expertos en boicotear).
    Tengo treinta años de vida y la Iglesia Católica (como representante espiritual) no me inspira respeto, y lo que más lamento es que no creo que pueda lograrlo hasta el día de mi muerte… la mayoría de las organizaciones que representan el Credo o dogmas divinos masivos se comportan con una dignidad semejante a la de un burdel o cabaret (siento compasión imparcial hacia los que sufren y son engañados afanosamente).


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